En un ambiente ecléctico donde alguna vez flotó una oficina que arrendó por un corto periodo de tiempo mi padre en un conocido edificio de oficinas con el nombre del periódico de la ciudad, e hito y referente de la arquitectura de los años 90s en Pereira, una construcción que junto con el edificio Picasso De Oscar Valencia y otros, marcaron una época en el diseño de corte postmodernista en Pereira, diseños de buena factura, sin grandes despliegues barrocos y un meticuloso criterio funcionalista.
Hoy al frente del edificio diario del Otún en la Cra. 10 con 19, encontramos tal ves una de las cuadras modernas mas hermosas del país, superadas únicamente por algunos pasajes de la 7a o la Av. Jiménez en Bogotá, o por el centro de Barranquilla. La cuadra conformada por el Gran hotel, de corte Proto-racionalista con rasgos de Art-Noveau e influencia Bauhaus, Mendeliana, guardando semejanzas con otros de su estilo como el Edificio Vengoechea en Bogotá, se amarra al recién Restaurado y aun subutilizado Palacio Nacional De Franco Isaza, quien no pudo preservar su plástica original, siendo reemplazado el concreto al natural por la Pintura Crema y el Barniz.
Pero no es solo esta cuadra, los alrededores, se encuentran colmados de construcciones importantes de las décadas del 60 y 70 que enmarcaban un entorno de gran belleza y que hoy por hoy vienen siendo reemplazados por nuevas fachadas de panel yeso de poca duración y de fibro cemento, que empiezan a crear estragos visuales de la que ni siquiera se salva un edificio de la biblioteca del banco de la república que reemplazó el antiguo edificio de torre plataforma que allí existió, diseñado por Esguerra, Sáenz y Urdaneta. Cambiando la arquitectura pura y duradera, por maquetas a escala real. Sin mencionar la perdida del Teatro Consota del arquitecto austriaco Blodek Fischer.
Prácticamente un desacierto en todos los casos, en algunas los edificios marcan los accesos acentuándolos exageradamente, en otras, el edificio tuerce sus muros casi 45° para darle la bienvenida al visitante, rompiendo el paramento y a nadie le ha importado amarrarse o seguir una homogeneidad plástica, un respeto por lo preexistente, no necesariamente en la época sino en la búsqueda de una identidad, de una cara de la ciudad al peatón.
Igual de grave sucede con el patrimonio moderno residencial. Viviendas de corte moderno en la Av.30 de Agosto y la Av. circunvalar, cambian la piedra noble por la fachada flotante de G-plac.
Estos cambios, se producen en forma masiva e implacable, cambios que maquillan, la espacialidad moderna a la fachada “contemporánea” producidos por arquitectos de una nueva escuela inconsecuente y sin memoria histórica, respaldados por 5 años (o mas) de especulación formal académica.
Realmente no es un ensayo académico ni un trabajo de investigación, es una voz de protesta contra todos aquellos que no hacen memoria de que el principio de todo estuvo allí en el lenguaje moderno, un lenguaje universal, funcional y estético que pudo trascender fronteras y abogó por la sobriedad. Sobriedad que se pierde con la entrada de nuevos estilos, “el marco rojo de revista”, “la fachada flotante”, “la pantalla innecesaria”, “el vidrio sobre pared”. En una ciudad que siempre quiere estar a la vanguardia y ofrecer vivienda y entretenimiento, ¿donde queda la academia?, la conservación patrimonial. ¿Ahora que esta de moda el paisaje cultural cafetero, que vamos a mostrar, de lo que hicimos en la época de bonanza?, la arquitectura moderna de Colombia, y especialmente del eje cafetero, es consecuencia total de la bonanza económica del país. Ahora, de allí sale una explicación al por que son importantes.
La conservación de la memoria no tiene precio, la riqueza plástica, tecnológica y tectónica, sobrepasan cualquier costo económico, pero sobre todo, la academia debe ejercer mayor presión y critica sobre lo que es considerado patrimonio y lo que no, como en su franca ley, muchos de los edificios intervenidos (perdidos) eran muestra fundamental, clara y solida de el sistema estético de su tiempo. En Pereira, Como en Barranquilla, Cali, Pasto y Bogotá.